OCASO
Lo último que escuché fue el sonido del líquido que asomaba por mis oídos recordándome mi intención de extinguirme ahogado. Hace dos días que estoy completamente sordo: he comprendido al fin aquella frase de que los oídos ven mas allá de lo que escuchan, mientras imaginaba de nuevo como el líquido primero llena tus oídos, tu boca, y tu garganta, para luego apropiarse de los pulmones y dejarlos incapaces de respirar. Ahora que no escucho más que a mi mente y el continuo palpitar de mi corazón, dejo a mis oídos ver, en vez de escuchar… es una forma de comprender lo incognoscible…
Desde hace dos días, recorro el mundo con esa sensación de escalofrío. Mi piel se torna azul y mis ojos se cristalizan como las miradas de los que caminan por el Averno, esperando el juicio final. Pasos meditados, asustados, temblorosos hacia un abismo que purga infinitamente los pecados pero que jamás acaba, dejando para siempre esa humillante memoria de los que nunca se perdonan a sí mismos. Inició el día que vino a mi mente la imagen de sus labios tocando otros muchos, sedientos de llenar vacíos inexplicables; una triste imagen que me repugna hasta los tuétanos. Escuché en medio de la noche los susurros de la culpa. Mi piel tibia abrazaba como otrora tiempo la duda y el miedo a verme ridiculizado por sus propias mentiras. Ya dibujado en grises matices mi figura en su mente, un vórtice hecho añicos de mi propia existencia y carcomido por miedo, desesperación y desconfianza, no era otra cosa que un fantasma de mi mismo. Con los años, mi ausencia abrazaba cada rincón de mi horizonte esperando en el dintel de la puerta que ella regresara, tal y como la vi aquel abril, hasta olvidar el camino de regreso que me llevaría al Aqueronte.
Al fin, hoy veo al frente un campo desolado y árido. Mi amor seca los colores de aquello que algún día fue mágico. Sin poderes, morirán a la sombra las ruinas del puente levadizo, el castillo de cristal y se apagarán los campos de almas sin esperanza. Los rayos del sol no tocarán de nuevo con su música entre los picos que adornan la playa en donde las huellas un día cambiaron el destino. Huele a muerte y agua putrefacta.
No escucho el sonar de las hojas que en otoño llenaban los jardines, pero si puedo ver el crujir espantoso de las ramas que caen impotentes ante la sequía. Toda el agua, vida del bosque está ahogando mis entrañas y destrozando todo aquello que alguna vez vi, y que fue asesinado en la boca de otros. Curiosa forma de cumplir mis mortales intenciones: un beso crea mi universo lleno de hechizos y dos besos que no fueron míos, como un hoyo negro lo destinan al olvido.
Recita al fin un halo de paz entre los tambores de guerra! Ahogado en aguas negras se apagan las trompetas… digno final para una mala historia. Efigie de mi mórbida existencia, adornada de fantasías y perfecciones. Mi hoz no acumula ya almas en mi colección de calaveras y la muerte que viene soy yo mismo: verdugo de mi destino. A donde iré si mi mano es la que guía? Mi espalda negra soportó el ocaso pero qué o quién soportará mi ausencia? a quién dirigirán los insultos después de los besos que la muerte trepida? o acaso no habrá muerte? ya no existirá sin mi si así me llaman?
El agua solo limpia mis huesudas entrañas...
El agua solo limpia mis huesudas entrañas...
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